Si hay una tecnología que a día de hoy tiene un impacto increíble en la publicidad digital, esa es, sin duda, la de los algoritmos de recomendación. Aunque pueda parecer que simplemente se trata de un sistema que sugiere productos que podrían gustarte, la realidad es que estos algoritmos son el puente entre lo que una empresa ofrece y lo que un cliente realmente necesita.
De hecho, ya convivimos con ellos a diario, desde que abrimos una plataforma de streaming y nos sugiere una serie, hasta que visitamos una tienda online y vemos una sección en la que se nos recomienda directamente productos inspirados en búsquedas anteriores.
Sin embargo, lo verdaderamente interesante no es la tecnología en sí, sino cómo las empresas están aprendiendo a integrarla en su estrategia de marketing digital para construir relaciones más auténticas y duraderas con sus clientes.
Porque, al fin y al cabo, un buen algoritmo de recomendación no solo vende más, cuando está bien implementado y se alimenta de una comprensión real del negocio, se convierte en un asistente que aporta valor, haciendo que la digitalización de las empresas sea una experiencia que el cliente ve que está como pensada para él.
¿Qué es un buen algoritmo de recomendación?
A menudo se asume que un buen algoritmo de recomendación es aquel que acierta con lo que el usuario quiere comprar o consumir a continuación, casi como si se tratara de una simple cuestión de precisión matemática.
Pero definir la calidad de estos sistemas únicamente por su tasa de acierto es quedarse muy corto, puesto que en realidad, un buen algoritmo de recomendación es el que consigue equilibrar tres fuerzas que, de manera natural, tienden a relacionarse entre sí.
Dichas fuerzas son, la relevancia inmediata de la sugerencia, la capacidad de sorprender al cliente con algo que no esperaba pero que le parece necesario, y el respeto por la situación cambiante en el que se mueve esa persona.
Porque un sistema que siempre recomienda el mismo tipo de producto una y otra vez, basándose ciegamente en el historial de compras, acaba generando una experiencia repetitiva y agotadora, lo que en el mundo del marketing se asocia rápidamente con algo negativo y que por supuesto, es todo lo contrario a una técnica psicológica para vender más.
De hecho, la verdadera sofisticación de estos algoritmos está en su capacidad para interpretar la intención real del usuario y no en su potencia de cálculo, la cual, a menudo, es mucho más compleja que un simple patrón de navegación.

¿Cómo se usan en marketing los algoritmos de recomendación?
Una vez que hemos comprendido lo que realmente es un buen algoritmo, la siguiente pregunta es cómo trasladar todo ese potencial a las estrategias para captar clientes que una empresa utiliza cada día.
De hecho, el verdadero uso de los algoritmos de recomendación en marketing consiste en orquestar una experiencia de cliente completa y no en colocar sugerencias en una esquina de la web, porque el objetivo final no es que el cliente vea un producto, es que sienta como que la marca le está hablando directamente a él.
El primer gran ámbito donde esta tecnología muestra su valor, y que se suele pasar por alto, es el de la comunicación personalizada más allá de la tienda online, para lo que podemos poner como ejemplo las campañas de email marketing.
La práctica tradicional de segmentar listas por edad, ubicación, o última compra resulta ya insuficiente y, en el fondo, sigue siendo una forma de lanzar mensajes masivos a grupos más o menos grandes.
Un algoritmo de recomendación bien integrado con la herramienta de emailing, en cambio, puede decidir en tiempo real qué contenido específico recibe cada destinatario, de una forma versátil y adaptada a cada momento.
Pero aparte del correo electrónico, otro uso muy interesante y menos evidente es el que se da en la prevención del abandono y la gestión de clientes en riesgo, puesto que por lo general, cuando un cliente reduce su frecuencia de compra, o deja de interactuar con los contenidos patrocinados de la marca, la reacción instintiva es bombardearlo con descuentos genéricos que destruyen el margen de ganancia y, en muchos casos, no resuelven el problema de fondo.
¿Por qué la publicidad digital depende en gran medida de los algoritmos de recomendación?
Al analizar la evolución del marketing digital hasta la actualidad y los cambios de la publicidad en la última década, se suele caer en la simplificación de pensar que simplemente hemos pasado de anuncios genéricos a anuncios segmentados.
Pero la realidad es que esa transición no habría sido posible sin una dependencia cada vez más notable de los algoritmos de recomendación, hasta el punto de que hoy representa el activo principal de cualquier empresa que quiera crear una campaña publicitaria exitosa.
Y es que el problema de fondo que ha impulsado esta dependencia no es tecnológico, sino profundamente humano, puesto que se basa en que nuestra capacidad de atención se ha fragmentado por estar sometidos a una gran cantidad de estímulos simultáneos y, en ese entorno de ruido constante, el anuncio que no tiene un impacto inmediato es sencillamente ignorado.
De hecho, la dependencia de la que hablamos no se limita a la fase más visible del proceso, la del anuncio que finalmente aparece en la pantalla del usuario. El recorrido empieza mucho antes, en el complejísimo ecosistema de la compra programática de espacios publicitarios.
Además, hay un cambio conceptual que explica esta dependencia creciente y que muchas veces no se tiene en cuenta en los análisis sobre transformación digital, y es que tradicionalmente, la publicidad se diseñaba para captar la atención del cliente hacia el producto.
Precisamente por eso, la publicidad digital moderna se mide por su alcance y por las impresiones, además de en otras métricas que, sin algoritmos de recomendación, serían imposibles de cuantificar y, mucho menos, de optimizar.
Así que ahora que ya sabes qué son y cómo funcionan los algoritmos de recomendación, solo nos queda decirte que si quieres aprovecharlos al máximo en tu negocio, solo tienes que contactar con nosotros.